¡- el gostosa habla!
Él estaba exactamente tan pronto como llevara cuidado de el celular. Con una aislamiento de quién ya me conocía tiene años o de quién me sentía entrega totalmente a su seduction. Estaba bastante. Gostoso E también. Pero concienzudo excesivamente de su energía en las mujeres. No necesité excesivamente ser inteligente ni indiscreto excesivamente descubrir el que 30 pocos años y el muchacho eran ya ejecutivo y amar acertados acertados de las mujeres todavía casadas. Pero no envejezco a cualquier mujer casada. Esto que todavía descubriría.
Reunión marcada, allí debía iniciar el ritual de la preparación. La ropa interior blanca es espectacular en mi piel marrón. Apoyar-también ata blanco. E esas medias más últimas 7/8, compradas exactamente para la ocasión. Sobretodo el, mi uniforme bien-tenido éxito del ejecutivo y los zapatos de saltos nosotros finíssimos y lo más arriba posible. Lo miraba el espejo. Aliste para el combate. Porque no tenía dudas, romper la resistencia de ese muchacho no sería fácil. Exigiría de mí el seduction y la inteligencia.
Las escaleras del suíte fueron encima del frente del à de él. Obviamente, valorando lo que tenía de mejor: ¡la redundancia del bunda! Allí para la manera de la subida, sentía las cubiertas él. Cariñoso, como elogio a mi plástico. Insultuoso para quién deseó ser dueño de la situación. Apoyé la firma, exagerando en el rebolado uno.
Al ver la cama, inmediatamente imeginei él allí, de cuatro. Calme, era temprano excesivamente para mis dominadores de los ecstasies. Turned over y lo besé. Primero, la lengua tomó una caminata para la boca de la forma invasora y que exploraba. Me sentía que fue sorprendido. Lo anticipé el acto de la invasión del varón. De forma cariñosa, aspiré su lengua ligeramente, mordiscando él. Más adelante los labios. Suave y hecho bien habían arrestado mi boca y mi atención. Los traté mientras que merecieron. Lamido, absorbido y mordiscadas. Al pocos aumentaba la presión de dientes en ellos hasta la sensación que eran calientes y la respiración acelerada más. Las manos de él contestaron convulsivo al bunda acuciante incentivo de la mina. Su miembro que hace la presión en mis muslos. Languidly pasaba la lengua para su cara hasta llegar el oído. Caramba, mi falda casi estaba ya en la cintura y estaba solamente en el preliminar de la dominación. Ella era necesaria parar esas manos antes de que perdiera totalmente el control de la situación.
A los tiempos la timidez me coge sobre especialmente horas incorrectas. I, allí lleno de malas intenciones, casi bordea en la cintura, manos en el esfuerzo de echar los cuerpos, y esa fluidez sabida que desea paralizarme. Luché feo con él, puse la determinación en la boca y recomencé la exploración.
Fin de la
traducción
De este tiempo, sin misericordia. Lábios, língua e dentes abriram caminho no que restava nele de controle da situação.
Afastei-o do meu corpo. Com unhas resvalando pelos pêlos do peito, abri sua camisa. Com as mãos, empurrei-o sobre a cama. Sem palavras. Apenas meu olhar mantendo-o em expectativa. Iniciei o ritual de desnudar-me. Na tentativa de não parecer sensual, acabei exagerando na dureza dos gestos. Surpreendentemente, seus olhos brilharam. Ele não sabe, mas me quer fálica – pensei. Não, ainda não era hora de dar-lhe o que seus olhos pediam. Roupas aos meus pés, surgi puta. Uma mulher sabe ser muitas e sabe ter exatamente o que quer.
Num arroubo de insurgência, ele levantou-se. Em gestos desiguais, desnudou-se. Como um tigre, seus músculos pularam à minha frente. Os músculos vaginais enlouqueceram, uma umidade quente invadiu meus pêlos e a fome nos olhos dele fez-se minha. Segurei-me, quase dolorosamente. Empurrei-o novamente. Desta vez, aos meus pés. O salto da sandália sobre uma de suas coxas fê-lo segurar-se. Palavras não eram necessárias. Minhas intenções estavam em meus gestos. Coloquei sua cabeça na altura da minha virilha. Era o sinal de que as meias deveriam ser tiradas.
A boca dele passeou pelo pequeno pedaço de pele exposta, respirando meu gosto, vivendo o meu cheiro. As mãos, famintas, brigaram com as resistentes e insossas ligas. E o membro começou uma louca e solitária dança, como a preparar-se para uma batalha sem vitória.
Pele e pêlos expostos, eu o fiz cultuar o meu corpo. Apenas boca, explorando cumes e depressões, guiada pelas minhas mãos firmes em seus cabelos. De repente, puxei com força e joguei sua cabeça sobre a cama. Com movimentos felinos, sentei-me sobre ela. Seu corpo virou um retesado e sensível arco de violino e um gemido surdo saiu por entre minhas pernas. Era a senha para o meu primeiro gozo.
Él estaba exactamente tan pronto como llevara cuidado de el celular. Con una aislamiento de quién ya me conocía tiene años o de quién me sentía entrega totalmente a su seduction. Estaba bastante. Gostoso E también. Pero concienzudo excesivamente de su energía en las mujeres. No necesité excesivamente ser inteligente ni indiscreto excesivamente descubrir el que 30 pocos años y el muchacho eran ya ejecutivo y amar acertados acertados de las mujeres todavía casadas. Pero no envejezco a cualquier mujer casada. Esto que todavía descubriría.
Reunión marcada, allí debía iniciar el ritual de la preparación. La ropa interior blanca es espectacular en mi piel marrón. Apoyar-también ata blanco. E esas medias más últimas 7/8, compradas exactamente para la ocasión. Sobretodo el, mi uniforme bien-tenido éxito del ejecutivo y los zapatos de saltos nosotros finíssimos y lo más arriba posible. Lo miraba el espejo. Aliste para el combate. Porque no tenía dudas, romper la resistencia de ese muchacho no sería fácil. Exigiría de mí el seduction y la inteligencia.
Las escaleras del suíte fueron encima del frente del à de él. Obviamente, valorando lo que tenía de mejor: ¡la redundancia del bunda! Allí para la manera de la subida, sentía las cubiertas él. Cariñoso, como elogio a mi plástico. Insultuoso para quién deseó ser dueño de la situación. Apoyé la firma, exagerando en el rebolado uno.
Al ver la cama, inmediatamente imeginei él allí, de cuatro. Calme, era temprano excesivamente para mis dominadores de los ecstasies. Turned over y lo besé. Primero, la lengua tomó una caminata para la boca de la forma invasora y que exploraba. Me sentía que fue sorprendido. Lo anticipé el acto de la invasión del varón. De forma cariñosa, aspiré su lengua ligeramente, mordiscando él. Más adelante los labios. Suave y hecho bien habían arrestado mi boca y mi atención. Los traté mientras que merecieron. Lamido, absorbido y mordiscadas. Al pocos aumentaba la presión de dientes en ellos hasta la sensación que eran calientes y la respiración acelerada más. Las manos de él contestaron convulsivo al bunda acuciante incentivo de la mina. Su miembro que hace la presión en mis muslos. Languidly pasaba la lengua para su cara hasta llegar el oído. Caramba, mi falda casi estaba ya en la cintura y estaba solamente en el preliminar de la dominación. Ella era necesaria parar esas manos antes de que perdiera totalmente el control de la situación.
A los tiempos la timidez me coge sobre especialmente horas incorrectas. I, allí lleno de malas intenciones, casi bordea en la cintura, manos en el esfuerzo de echar los cuerpos, y esa fluidez sabida que desea paralizarme. Luché feo con él, puse la determinación en la boca y recomencé la exploración.
traducción
Afastei-o do meu corpo. Com unhas resvalando pelos pêlos do peito, abri sua camisa. Com as mãos, empurrei-o sobre a cama. Sem palavras. Apenas meu olhar mantendo-o em expectativa. Iniciei o ritual de desnudar-me. Na tentativa de não parecer sensual, acabei exagerando na dureza dos gestos. Surpreendentemente, seus olhos brilharam. Ele não sabe, mas me quer fálica – pensei. Não, ainda não era hora de dar-lhe o que seus olhos pediam. Roupas aos meus pés, surgi puta. Uma mulher sabe ser muitas e sabe ter exatamente o que quer.
Num arroubo de insurgência, ele levantou-se. Em gestos desiguais, desnudou-se. Como um tigre, seus músculos pularam à minha frente. Os músculos vaginais enlouqueceram, uma umidade quente invadiu meus pêlos e a fome nos olhos dele fez-se minha. Segurei-me, quase dolorosamente. Empurrei-o novamente. Desta vez, aos meus pés. O salto da sandália sobre uma de suas coxas fê-lo segurar-se. Palavras não eram necessárias. Minhas intenções estavam em meus gestos. Coloquei sua cabeça na altura da minha virilha. Era o sinal de que as meias deveriam ser tiradas.
A boca dele passeou pelo pequeno pedaço de pele exposta, respirando meu gosto, vivendo o meu cheiro. As mãos, famintas, brigaram com as resistentes e insossas ligas. E o membro começou uma louca e solitária dança, como a preparar-se para uma batalha sem vitória.
Pele e pêlos expostos, eu o fiz cultuar o meu corpo. Apenas boca, explorando cumes e depressões, guiada pelas minhas mãos firmes em seus cabelos. De repente, puxei com força e joguei sua cabeça sobre a cama. Com movimentos felinos, sentei-me sobre ela. Seu corpo virou um retesado e sensível arco de violino e um gemido surdo saiu por entre minhas pernas. Era a senha para o meu primeiro gozo.
Depois de inundar-lhe o rosto, eu o fiz lamber cada milimetro do meu sexo. Outra vez minhas mãos puxaram-lhe os cabelos com força. Quanto mais dor lhe causava, mais excitado ele ficava. Seu membro pulsava frenético, sua boca ficava cada vez mais faminta das minhas carnes. Mas eu ainda não o queria vertendo seu gozo. Havia muito ainda para ensinar-lhe. Empurrei-o. Seus olhos semifecharam numa raiva súbita. Assim que eu o queria. Macho. E extertorando seus desejos até o limite da sensatez.
Levantou-se. Todo homem à minha frente. Gotículas de suor brilhando nos múculos, boca numa linha fina, olhos soltando raios verdes de tesão e raiva. Agarrou-me pelos braços. Antes que pudesse fazer outro movimento, meus dentes fecharam-se sobre seu mamilo direito. O cheiro da pele úmida entrou em mim e reacendeu meu desejo. Apertei com força, toda a força dos meus maxilares. Ouvi seu berro e senti o retesar de seu corpo. Ainda com os dentes na carne, passei a língua pela ponta dura do mamilo. Devagar, em movimentos circulares. Ele me abraçou, rendido. E caimos na cama.
Entregue a mim, abriu os braços de costas. À espera, como um tigre faminto. Deixei-o ali, apenas respirando por alguns momentos. Sem tocar-lhe o corpo, mandei que se virasse. Queria comê-lo. Devagar e profundamente. De quatro, ele ficou à minha espera.
Uma bunda respeitavel, aquela. Músculos fortes, coxas redondas e peludas. Minha boca salivou e meus dentes passaram de leve pro suas carnes. E se fecharam em seu saco escrotal. Com força. Tanto mais força quanto o grito crescia.
Ajoelhei-me por detrás dele e acariciei suas partes balançantes com a mão esquerda. E enterrei meu polegar em seu cu. Com força e subitamente. Ele tentou levantar-se. Enterrei mais fundo e mandei-o aquietar-se. Quando ele começou a sentir prazer com o entra e sai do meu dedo, peguei o vibrador. Grosso e grande como seu pau. Vibrante, quente e perfeitamente lubrificado. Enterrei-o de uma só vez. O homem gritou. Mas não se levantou. Em seguida, seu pau babava. Minha mão esquerda arranhava sua pele, vez ou outra batendo-se contra ela. E o homem urrava de dor e prazer. Até que seu gozo inundou a cama. E ele caiu sobre ela, desfeito em prazer.
