La Rose, ya dicha le para allí, tiene tanto connosco de los años que es parte de la familia. Vino un día para la casa de las “tías” - ya setenta años van allí más que - a jugar con mi padre, y nunca más uno estaba sin embargo. Para la manera, crear-en a todos (yo y a mis hermanos) y más adelante nuestros niños. Con un bocadinho de la suerte, y de toda lo que inmóvil como eso sucedió ésta, tener-de conocer a nuestros nietos. La Rose es del tiempo donde “había creado” y no los “empleados”, la palabra que significa, literalmente, a alguien que fue criada en una casa, junto con los niños de esta casa. No era un trabajo, era una vida.
Cuando mis tías lo habían tomado para la casa, los rosados eran uno de siete hermanos blancos, rubios y muy muy muy, muy pobre. Tenían ascendencia alemana, qué, en una tierra del ribatejana de tisnadas pela, así que los bigotes y los patilhas del negro como los toiros del lezíria, eran un extravagrancy absoluto. Por lo tanto eran conocidos como “los rusos”, una multitud de pájaros raros entregan apropiado sí mismo, porque los padres si estuvieron matados para trabajar para crear lo con el mínimo de los mínimos y lo no lo hicieron sobrava ni en cuanto a mirada en para él. Es claramente que la Rose, como los hermanos, funcionó lejos de la escuela porque las cosas mucho más interesantes tenidas para hacer, en cuanto a la fruta apanhar de los árboles o para funcionar detrás de los gatos de la vecindad. Habría hecho igual, si él podría.
Nunca deseó aprender leer, nunca estuvo interesado para el tema. Tres generaciones consecutivas lo habían intentado aplicadamente, pero el máximo que obtenemos era que aprendió escribir el nombre propio y ensamblar algunas letras de la prensa, garrafais, en palabras simples. A le tiene solamente poca hora, y para él vio del culinária, si la lectura convencea que entrene poco más. Mucho el el coste, y solo porque ella es cocinero de la mano completa y tiene gusto de intentar las prescripciones nuevas, ni siempre teniendo a mano quién las lee en libros de la cocina. Es ouviz divertido él para leer las prescripciones, deletreando cada sílaba hasta la fabricación sensible en el sistema, en una operación que pueda retrasar algunos minutos para la palabra. Apanha, a los tiempos, uno de esos folletos que anuncian a los ejecutivos que aparecen en la caja de la oficina de correos y fijan para leerla colmo, silabea la sílaba, hasta ser cansado o uno de nosotros desatar para reír.
Fin de la
traducción
Além de cozinhar e passar a ferro como ninguém, a Rosa faz rendas. Das suas mãos já saíram quilómetros de verdadeiras filigranas de linha Âncora número 60 (finíssima!), com os desenhos mais imaginativos e intrincados. Um destes dias perguntei-lhe que renda estava a fazer agora. Foi buscar o saco, para me mostrar. No meio das linhas e agulhas vi um livro, e fiquei curiosa: nunca tinha visto tal coisa nas mãos dela. Escondeu-o no bolso do avental e disse-me, corada, que andava a treinar a leitura às escondidas e que aquele livro era fininho, por isso não a assustava. Tinha-o apanhado lá por casa, ninguém estava a lê-lo e ela não queria que se soubesse. E já tinha lido uma parte: em três pinceladas cómicas contou-me uma história, mais ou menos confusa, até ao ponto a que chegara. Não tinha passado ainda das primeiras páginas mas estava entusiasmada.
Fiquei impressionada. Fiz-lhe ver a importância daquilo, enquanto ela se ria da minha solenidade: “Rosa, é o teu primeiro livro, isto tem de ser comemorado!” E obriguei-a a mostrar-me o livrinho, o que demorou algum tempo. Quando finalmente o tive nas mãos, abri a boca de espanto: a Rosa, sem ninguém saber (nem ela própria…), fez jus à alcunha de infância e estreou-se... com um conto de Tchékov!